ARCHIVE

Marca Blanca

Architectural Digest No36, pages 160-167

En Helsinki, un coleccionista de diseño escandinavo  se ha hecho a medida un contenedor blanco, inundado de luz, para convivir con el botin de toda una vida: muebles, ceramic y cristal dignos de un museo. 

Puede que no para el profane, pero para el ojo entrenado es evidente: estamos en la guarida de un collecionista, pero no de arte, sino de diseño escandinavo del siglo XX. Y, afinando un poco más, el entendido pronto verá que las preferencias de este collector gourmet se centram en su edad de oro, desde comienzos de los años 30 a finales de los 60. Curiosamente, su apartamento, en el centro de Helsinki, es un poco más antiguo. Está en un bello edificio de principios de 1920 construido por el arquitecto Lars Sonck (1870 – 1956), uno de los maestros del Art Nuveau, que fue profesor de Alvar Aalto. En 2005, la casa fue completamente restaurada y renovada por el arquitecto fines Niko Tiula. Según cuenta el propietario, la idea era suprimir todas las divisiones del antiguo piso y crear un espacio único, enteramente abierto y generosamente iluminado, donde coexisten la entrada, el salón, la biblioteca, el comedor, la cocina y un dormitorio en igualdad de condiciones. Las únicas puertas que hay en la casa son las del cuarto de baño. La luz entra por el este y el oeste a través de los grandes ventanales, originales del edificio, que no se modificaron por estar protegido. Los suelos, excepto el del cuarto de baño, de mármol, son de tarima de castaño. Las parades están pintadas de blanco, y la carpintería esta también lacada en este tono por decisión del dueño, que lo consideraba idóneo como telon de fondo para la sobriedad de las líneas del mobiliario nordico. Las piezas que habitan el apartamento son el fruto de un paciente trabajo de recopilación durante casi veinticinco años. Cada una, desde la butaca más importante hasta el más pequeño jarrón, ha sido deseada, buscada y minuciosamente escogida, y el conjunto es digno de figurar en las mejores galerías y museos de diseño contemporáneo. Casi el 100% de los muebles son originales de creadores icónicos del siglo XX, sobre todo, haciendo patria, de finlandeses, Alvar Aalto, Eero Saarinen, Paavo Tynell, Ilmari Tapiovaara, y daneses como Verner Panton. Incluso los grifos del baño y la cocina están firmados por Arne Jacobsen. El propietario tiene especial debilidad por las artes decorativas. Destaca la exquisita collecion de cristal, que se exhibe de forma protagonista como obra de arte. Creaciones de Aalto de los años 30, de Tapio Wirkkala de los 40 y 50, de Oiva Toikka de finales de los 60… Y cerámica vintage de nombres y firmas míticos como Birger Kaipiainen, Toini Muona o Arabia. Unas pocas obras de arte salpican las parades sin alterar la sobriedad de la decoración, pues han sido escogidas para concordar con el conjunto: obra grafica y oleos de artistas finlandeses contemporáneos y algunas piezas de Victor Vasarely de los años 50. A pesar de la abundancia de mobiliario de época, el piso no transmitte la sensación de ser una sala de exposición, sino un lugar donde vivir, confortable y calido, la guarida de un hombre culto, la prueba fehaciente de la gran lección que el diseño escandinavo dio al mundo: belleza y funcionalidad son inseparables.

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